Agustí Villaronga es nieto de titiriteros
ambulantes que ofrecían en ferias su
espectáculo hasta que su abuela murió
de tuberculosis, cuando su padre era un
crío. La enfermedad y en particular la tuberculosis
será un asunto recurrente en
sus películas. Su padre fue un niño de la
guerra, arrastrado al frente con quince
años y arribando más tarde a Mallorca
como cartero. Apasionado del cine, le inculcó
a su hijo la pasión del arte visual.
Villaronga terminó sus estudios básicos
en un colegio de jesuitas y se trasladó a
Barcelona donde se matriculó y licenció
en Geografía e Historia. Poco después de
iniciar su carrera actúa en varias películas
en las cuales trata con Pepón Corominas,
productor que le propone llevar
el vestuario de “La plaza del diamante”.
Desde entonces, no paró de enlazar un
rodaje tras otro, conociendo a los técnicos,
el oficio y los secretos del cine.
Por fin, en 1987 y con menos de 30 millones
de pesetas (180.000 €), rueda su
ópera prima “Tras el cristal”, seleccionada
para el Festival de Berlín y, hoy en día,
un clásico del cine español de temática
LGBT. Julián Mateos y Maribel Martín
le producen “El niño de la luna” (1989),
con la que desconcertaría al público y a
la crítica internacional en el Festival de
Cannes de 1989, que la atacan con vehemencia.
Solo regresará a la dirección con “99.9”
(1997), película de terror de encargo,
con la que gana el Premio Mélies de Plata
a la Mejor Película Fantástica Europea.
Su siguiente trabajo, “El mar” (2000) supone
su regreso como autor de una película
íntegramente suya y con la también
abordaría la temática LGBT. Presentada en el Festival de Berlín y nominada al
Oso de Oro, lo único que no causa es indiferencia.
En 2002 dirige junto a Isaac P. Racine y
Lydia Zimmermann, “Aro Tolbukhin: en la
mente del asesino”, un falso documental
donde juegan con las posibilidades del
lenguaje fílmico mezclando estilos, géneros
y formatos. A pesar de recibir varios
premios, la película no funciona en
taquilla.
No volverá a dirigir hasta “Pa negre”
(2010), una historia centrada en la infancia
y adolescencia de un chico durante
los oscuros años 40. A la vez que descubre
su (homo)sexualidad, se despertará
en el protagonista una conciencia moral.
La película gana la Concha de Plata
a la Mejor Actriz en el Festival de San
Sebastián y 9 Premios Goya. En 2011 se
le concedió el Premio Nacional de Cinematografía.
Villaronga ha provocado como pocos
con sus imágenes e historias oscuras e
inteligentes aunando drama y sexualidad
como parte del aprendizaje vital.
Es por ello que Zinegoak quiere rendirle
homenaje otorgándole el Premio Honorífico
de su 9ª edición. |